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Dejamos de instalar cargadores V2C Trydan

Cortamos Trydan (V2C) en obra nueva: borneros y placas quemados, protecciones que fallan, y un SAT/canal que, en cuatro casos, caga la cara al instalador delante del cliente —incluso intentando anular garantías. Sin anestesia.

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Dejamos de instalar cargadores V2C Trydan en obra nueva. Punto. No es un “matiz comercial”, ni un titular para generar clicks: es la decisión de una instaladora que se ha hartado de un producto con fallos de campo repetidos y, sobre todo, de un ecosistema de marca y SAT que prefieren destruir la cara del instalador delante del cliente final antes que asumir un vicio de diseño.

Lo escribimos sin anestesia. Quien compra un punto de recarga merece saber qué hay detrás del marketing de “carga inteligente” y “todo integrado”. Quien ya tiene un Trydan puesto por A Todo Sol merece otra certeza igual de dura: no os abandonamos. Y quien fabrique o distribuya en España debería leer esto hasta el final: tratar así a vuestro propio canal y a los clientes finales no es un “malentendido”. Es una forma de ser.

Cortamos Trydan. No es opinable

Trydan entraba bien en catálogo: cargador doméstico, protecciones opcionales dentro, app, carga dinámica. Sobre el papel, encaja. En campo, nos ha salido caro en tiempo, en reputación y en clientes que se van porque un técnico de marca sembró dudas falsas en el salón de su casa.

No hablamos de un fallo aislado. Hablamos de un patrón:

  • fallos que aparecen alrededor del año,
  • protecciones integradas que saltan sin cortocircuito que lo explique,
  • conectores y placas que acaban carbonizados,
  • carga dinámica que exige perfil de informático,
  • app torpe para compartir usuarios,
  • dependencia absurda del Wi‑Fi doméstico,
  • y técnicos a domicilio que cagan la cara al instalador como método de defensa.

Cuando eso se repite, la decisión deja de ser “valorar alternativas”. Paramos de instalar Trydan en obra nueva.

Las protecciones “integradas”: el reclamo que se vuelve trampa

Trydan se vende mucho con el cuento de llevar protecciones dentro del cargador. Suena cómodo. En la práctica, esa “comodidad” se ha convertido en una de las mayores fuentes de incidencias que hemos visto en puntos de recarga.

Hemos tenido equipos cuyas protecciones internas saltan de forma recurrente —a veces cada una o dos cargas— sin defecto de acometida que lo justifique. Hemos sustituido protecciones (de marcas distintas) con mano de obra a nuestro cargo… y el problema ha vuelto: disparos, calor, y en el peor de los casos quema de nuevo.

En varios casos el origen real no era “el electricista”. Era el equipo: soldaduras/conectores de placa defectuosos, calor en puntos de conexión, protecciones que no aguantan el ciclo real. Lo hemos visto con los ojos y con fotos en intervenciones de garantía.

Y aún así, el relato que a veces llega al cliente desde el SAT es el contrario: culpa de la instalación. Eso no es un error de comunicación. Es una estrategia barata para no pagar el coste real del producto.

La propia documentación de V2C reconoce límites serios de las protecciones integradas e incompatibilidades en ciertos tipos de red. Cuando el marketing promete simplicidad y el manual se llena de excepciones, el cliente paga la diferencia en visitas técnicas y el instalador paga con su reputación.

Conectores que queman la placa: el modo de fallo que ya no se puede negar

Uno de los escenarios más feos que hemos documentado: el equipo falla, se abre, y lo que aparece no es un cable “mal apretado por el instalador”, sino un bornero / conector a presión de la placa de potencia —fase carbonizada sobre PCB— degradado hasta quemar. En placas antiguas de Trydan, ese conector no aguanta 22–32 A en régimen continuo. Tras ~1 año: calentamiento → carbonización → fallo → disparos / daño colateral en protecciones.

El daño técnico es grave. El daño reputacional es peor. Porque mientras nosotros aportamos evidencia de fallo de componente, el guion del SAT delante del cliente es otro: “la instalación estaba mal” y “por eso se queman protecciones y conectores”.

Ese guion es inaceptable. Si el equipo tiene un defecto, se dice. Si hay que cambiar placa o cargador en garantía, se cambia. Lo que no se hace —nunca— es usar al instalador como fusible delante del dueño de la casa.

Y no es un invento nuestro: el mismo modo de fallo está documentado en foros públicos (Forocoches, Telegram V2C Trydan, Club Tesla) con fotos idénticas a las nuestras. Quien diga que “no conoce el problema” o que es “culpa del instalador” miente o mira para otro lado.

Cuatro casos. El mismo guion. Sinvergüenza total

Esto no es una bronca abstracta con “el fabricante”. Es lo que hemos vivido, por escrito y en domicilio, con el canal oficial de V2C en España (Saltoki, distribuidor exclusivo) y su SAT a domicilio. Cuatro episodios. El mismo método: el equipo falla, el técnico llega, y la culpa se desplaza al instalador delante del cliente final.

Caso 1 — Restaurante en Beniparrell

El SAT cuestionó ante el cliente una instalación correcta —incluido el relato del “cable de 6 mm²” en un tramo corto— cuando el origen real no era ese. Saltoki acabó reembolsando. A los pocos días, el cliente decidió ampliar su fotovoltaica con otra empresa. Eso son del orden de ~12.000 € de facturación perdida para A Todo Sol. No es teoría: es el coste directo de mandar a un SAT a sembrar dudas falsas delante del cliente. Nos quitaron la cara… y nos quitaron el trabajo siguiente.

Caso 2 — Torrevieja

Se atribuyó a “fallo de instalación” el quemado de protecciones. Ese modo de fallo de los Trydan es conocido en campo y en foros. Nosotros mismos hemos sustituido protecciones (Chint → Toscano) con mano de obra a nuestro cargo… y han vuelto a fallar. No es un “detalle de instalador”: es un punto débil del equipo. Aun así, el relato al cliente fue el de siempre: la instalación. Mentira por omisión, como mínimo.

Caso 3 — Cliente industrial (Valencia)

Aviso de SAT. El parte reconoce acometida caliente y salto de protecciones, y concluye cambio de bloque de protecciones en garantía. Aun así, ante el cliente se insiste en que la acometida era de 6 mm². En esa instalación el cable de potencia del punto de recarga era de 10 mm² 1000 V, correctamente instalado. Decírselo al cliente como si el instalador hubiera puesto de menos no es un “malentendido”: es información falsa. Y ocurre delante de un cliente industrial con el que teníamos un presupuesto grande encima de la mesa.

Lo advertimos por escrito antes de esa visita: que el técnico no volviera a atribuir el fallo a la instalación. Pese a la advertencia, el guion se repitió. Eso ya no es torpeza: es desprecio deliberado al canal.

Caso 4 — Otro Trydan en domicilio: el bornero quemado… y el intento de anular la garantía

Equipo sin protecciones de origen; protecciones y PE montadas por A Todo Sol en el carril previsto. Lo quemado no es la acometida, ni la “coca”, ni la ficha de PE: es otra vez el conector de placa, el mismo modo de fallo que en foros y en nuestros otros casos.

La respuesta comercial, tras las disculpas por el cable de 6 mm² del caso anterior, fue de manual de sinvergüenza: admitir el reemplazo “de forma excepcional”… y afirmar a la vez que, por haber integrado a posteriori el bloque de protecciones, «la garantía del equipo ya quedaría automáticamente anulada».

Eso no resiste ni el propio catálogo de V2C. El fabricante publica que Trydan “incluye la opción de añadir protecciones eléctricas dentro del cargador”, el manual contempla configuración con o sin protecciones, y la FAQ admite protecciones dentro o fuera. Inventar después del siniestro que usar el carril DIN de fábrica “anula la garantía” no es soporte: es fraude de relato para no asumir el producto.

Y encima, en conversación con la responsable comercial del canal, tras pedir disculpas “si había vuelto a pasar una tercera ocasión”, el giro: «quizá hay que revisar cuando la tercera vez que pasa es el mismo error de nuevo». Traducción: a la tercera, la sospecha vuelve al instalador. Como si el patrón fuera nuestro trabajo y no el bornero de su placa. Eso es insultar la inteligencia de quien os compra.

Cuatro veces. El mismo guion. El SAT se blinda echando la culpa al instalador. El canal pide que aceptemos la “confusión” o el “malentendido del cliente”. No. No es confusión. Es un método.

Una empresa española tan cercana… cagando la cara a los suyos

V2C no es un fabricante chino opaco a doce husos horarios. Es una marca española. Su distribuidor exclusivo opera aquí, habla nuestro idioma, factura a instaladores españoles y manda SAT a domicilios españoles. Precisamente por eso es imperdonable.

Porque el instalador no es un tercero cualquiera: es el cliente del canal. Es quien compra el Trydan a ~580 € de canal, quien lo monta, quien responde el sábado cuando el coche no carga, quien pone la cara delante del dueño de la casa. En nuestro caso, además, con un volumen serio de compras a ese distribuidor a lo largo de años.

¿Qué hace ese ecosistema cuando el producto falla? En lugar de asumir el vicio de diseño (bornero a presión / placa / protecciones que no aguantan), destruye la confianza entre el cliente final y el instalador. Miente o negligencia técnica sobre secciones de cable. Sugiere manipulación. Intenta anular garantías con lecturas inventadas del propio manual del fabricante. Y cuando el instalador documenta el patrón —fotos, foros, cuatro casos propios—, aún se permite sembrar la duda de que “a la tercera hay que revisar”… al que monta.

Eso no es posventa. Es usar al canal como fusible humano para tapar un producto que se vende como “todo integrado” y se comporta como un problema recurrente. Y es la forma más rápida de que una marca española se queme sola.

La carga dinámica: un dolor de cabeza (casi) informático

La carga dinámica —ajustar la intensidad del coche para no tirar el ICP / no superar la potencia contratada, o para aprovechar excedentes solares— es, en teoría, la joya del producto. En la práctica, para muchos clientes es un infierno de configuración.

No basta con “instalar y listo”. Hay que elegir medidor, esquema, pinzas, IP, protocolos, firmware, app… La propia web de soporte de V2C publica una lista larga de códigos de error de comunicación (timeouts, Wi‑Fi caído, pinza no detectada, Shelly no encontrado, Modbus que no responde…). Cuando el fabricante necesita una enciclopedia de errores solo para que el coche cargue “en dinámico”, el mensaje es claro: el cliente acaba teniendo que ser casi informático para tocar parámetros que nunca debería tocar.

En foros de usuarios (por ejemplo, hilos largos en Club Tesla) se repite el mismo hastío: desconexiones Wi‑Fi, actualizaciones que empeoran, carga dinámica que hay que desactivar para poder cargar, sensación de estar peleando más con el software que con el coche. No citamos eso como chisme: lo citamos porque coincide con lo que vemos en visitas reales.

Cambias la contraseña del Wi‑Fi… y se cae la carga dinámica

En muchas instalaciones la carga dinámica depende de que el cargador y el inversor (o el medidor Wi‑Fi) hablen por la red doméstica. ¿Qué pasa cuando el cliente cambia el router, la clave Wi‑Fi o pasa a otra tecnología (Starlink, mesh, VLAN de invitados…)? En demasiados casos, el cargador pierde la capacidad de carga dinámica hasta que alguien vuelve a emparejar, reconfigurar IPs o “hacer magia” en la app.

Un punto de recarga no debería quedar cojo porque alguien cambió la contraseña del Wi‑Fi de casa. Eso no es resiliencia: es fragilidad disfrazada de conectividad.

La app y compartir usuarios: experiencia horrorosa

Compartir el cargador con pareja, hijos o empleados debería ser trivial. Con el ecosistema V2C Cloud, en la práctica es un proceso tosco: cuentas, invitaciones, códigos, requisitos de registro… Clientes que solo quieren “que cargue el coche” acaban enredados en un flujo de permisos que parece diseñado por y para gente que vive dentro de una app, no para una familia normal.

Si el hardware ya pide paciencia, la capa de usuario no puede ser otro muro. Aquí lo es.

La pinza amperimétrica: no bidireccional (y los cuadros no son de juguete)

La pinza que se suministra en muchos kits no es bidireccional. En instalaciones con fotovoltaica eso no es un detalle menor: a menudo obliga a montar dos pinzas (o esquemas más rebuscados) para medir bien consumo e inyección / excedentes.

El problema se agrava en cuadros reales de vivienda: estrechos, saturados, con poco margen mecánico. Meter dos pinzas donde apenas cabe una no es “instalación profesional elegante”: es pelear contra el producto en un espacio que el marketing nunca enseña en las fotos de catálogo.

De nuevo, la documentación oficial está llena de avisos sobre colocación de pinzas, canales, esquemas monofásicos/trifásicos y errores del tipo “pinza no conectada”. Traducción para el cliente: si algo falla en la medida, la carga dinámica se degrada o se corta —y la culpa rara vez se cuenta como limitación de diseño.

Los fallos llegan tarde (y eso duele más)

Muchas averías no aparecen el día de la puesta en marcha. Aparecen hacia el año, cuando el cliente ya confía en el equipo, cuando la garantía empieza a ser territorio de pelea, cuando nadie quiere oír que hay que abrir el cargador otra vez.

Ese retraso es especialmente cruel con las protecciones integradas y con los conectores de placa: el sistema “funcionó” lo bastante como para bajar la guardia… y luego falla en lo más sensible (seguridad eléctrica y capacidad de cargar sin saltos).

Qué significa esto para quien ya tiene un Trydan con nosotros

Seguimos con vosotros. Dejar de instalar Trydan en obra nueva no significa abandonar a quien ya lo compró a través de A Todo Sol. Seguiremos:

  • Gestionando y peleando las garantías de los equipos vendidos.
  • Atendiendo incidencias de carga dinámica, app, protecciones y comunicación.
  • Exigiendo al fabricante y a su red de soporte un trato técnico honesto: si el fallo es del equipo, se dice; si hay que sustituir, se sustituye — unidad completa cuando toca, no apaños con relato contra el instalador.
  • Impidiendo, en la medida de lo posible, que un SAT entre solo a tu casa a reescribir la historia.

Quien tenga un problema con un cargador instalado por nosotros, que nos contacte. Preferimos pelear la garantía nosotros a que el cliente se quede solo entre un SAT a la defensiva y un manual de códigos de error. Lo explicamos también aquí: cómo el SAT de una marca puede romper la marca.

Qué ofrecemos a partir de ahora

Seguimos instalando puntos de recarga para vehículo eléctrico, con criterios más duros de selección de marca y de arquitectura (protecciones, medida, independencia del Wi‑Fi doméstico cuando sea posible, experiencia de usuario que no exija ser informático… y un SAT que no trate al instalador como delincuente).

Preferimos decir “este equipo no lo instalamos más” antes que seguir vendiendo algo que sabemos que nos va a devolver en forma de visitas, broncas y clientes cabreados.

Conclusión

V2C Trydan nos ha salido caro en tiempo, en reputación y en paciencia. Las protecciones que fallan, las placas que se queman por conectores, la carga dinámica frágil, la app para compartir usuarios, las pinzas no bidireccionales en cuadros imposibles… y, sobre todo, un ecosistema de marca y SAT que, en cuatro casos documentados, ha preferido cagar la cara al instalador —su propio cliente de canal— y al cliente final antes que asumir el producto.

Eso, viniendo de una empresa española tan cercana, no es un fallo de comunicación. Es una forma de ser. Y las formas de ser se pagan: con canal que deja de comprar y con clientes que dejan de recomendar.

Cortamos Trydan en obra nueva. No cortamos con nuestros clientes. Si tienes un Trydan puesto por A Todo Sol y te está dando guerra, escríbenos: seguimos aquí para pelear lo que hay que pelear.

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